En una fecha tan particular, clave en la historia no sólo de nuestro país, sino de toda la historia mundial, cabe reflexionar. ¿Qué entendemos por diversidad? ¿Y por respeto?

A lo largo de la historia, e incluso en el presente, coexisten múltiples maneras de entender la diversidad. A nivel educativo, hay corrientes que nos invitan a pensar e incluir la diversidad en el aula, con propuestas diferenciadas que fortalezcan la autonomía (pueden leer sobre esto en “Bienvenida la Diversidad en la escuela”). Sin embargo, esta fecha nos insta a ir más allá, a realizar una pausa y reflexionar, a nivel personal, y a nivel escuela: ¿De qué manera nombramos y trabajamos con la “otredad”? ¿Cómo aparecen los otros, los “diferentes” en la enseñanza que brindamos? ¿Son un contenido folklórico dentro del curriculum o se les hace lugar en tiempo presente? ¿Quiénes son esos otros? ¿Cuánta diversidad y de qué tipo somos capaces, o nos resulta moralmente correcto, aceptar?

Siguiendo a Silvia Duschatzky y Carlos Skliar: “La representación de los otros está atravesada por una búsqueda permanente de eufemismos (mejores o peores) de denominar la alteridad. Sin embargo, esas formas no son neutras ni opacas y generan consecuencias en la vida cotidiana de esos otros” (3). En el artículo “La diversidad bajo sospecha: Reflexiones sobre los discursos de la diversidad y sus implicancias educativas”, Duschatzky y Skliar repasan distintas maneras de entender, respetar o interactuar con aquellos que consideramos “otros”.

La primera perspectiva sostiene una mirada condenatoria sobre los otros que  da lugar a la eliminación y el control de lo diferente. Desde esta perspectiva se ve lo distinto como una amenaza, como la condensación de aquello que se rechaza. Es esta la mirada colonialista, una mirada de exterminio o conquista.

Desde una segunda perspectiva, los otros son vistos como “sujetos plenos de una marca cultural”.  El problema de esta perspectiva es considerar la identidad como un elemento estable y único. Así, los otros aparecen “enmarcados en fotos, pinturas, músicas, teatros, banderas, fiestas escolares” (9). Pero la verdad es que la identidad es mixta, de múltiples identificaciones, móvil, variable.  La  reflexión sobre lo diverso nos obliga a ir más allá del folklorismo y la mirada “purista”, para entender las identidades en el marco de relaciones sociales y de poder.

La tercera mirada es la de la tolerancia. Desde esta perspectiva la otredad se acepta, se “soporta”. Pero,  ¿somos capaces de aceptar todas las diferencias cuando existen posturas radicalizadas? ¿A qué otros toleramos? En palabras de los autores: “La tolerancia tiene un fuerte aire de familia con la indiferencia. Corre el riesgo de tornarse mecanismo de olvido” (11). En un mundo cada vez más interconectado y móvil necesitamos poder relacionarnos (y no solo “soportar”) a los otros. Necesitamos poder estar, entender y trabajar con otros.

El 12 de octubre rememora un encuentro que signó (y signa hasta hoy) una manera de relacionarnos, el colonialismo. Que esta fecha sea una invitación a re-inventar la manera de encontrarnos con lo diferente, una apuesta a una genuina relación con lo “otro”.

Los invitamos a leer el artículo completo de Silvia Duschatzky y Carlos Skliar “La diversidad bajo sospecha: Reflexiones sobre los discursos de la diversidad y sus implicancias educativas” en: http://www.porlainclusionmercosur.educ.ar/documentos/Ladiversidadbajosospecha.pdf