La planificación curricular expresa el proyecto de enseñanza que está por comenzar, delineando el recorrido que harán los chicos para aprender los contendidos fundamentales.  Es un instrumento clave de la enseñanza que permite anticipar tiempos, recursos, contenidos y secuencias.

Una de las tareas principales del equipo directivo al inicio del año escolar es acompañar a los docentes a pensar las estrategias que pondrán en juego. El equipo directivo puede ofrecer espacios para que el proceso de planificación se enriquezca y se convierta en un momento de reflexión didáctica. Es que, lejos de ser un aspecto meramente  formal o técnico, la planificación nos pone ante preguntas pedagógicas profundas invitándonos a tomar decisiones. Así, si bien a grandes rasgos todos acordamos que el objetivo último y fundamental es el aprendizaje, cuando tenemos que pensar metas concretas y secuencias de actividades surgen diferencias: ¿qué tipo de aprendizaje se desea que logren los alumnos en cada área? Y… ¿qué tipo de enseñanza se considera que promueve este aprendizaje?

Algunas preguntas para hacerle a las planificaciones… y para movilizar la reflexión a la hora de planificar:

  • Los objetivos: ¿Qué se espera que los alumnos aprendan? ¿Solo contenidos y conceptos o también habilidades? ¿Cuáles? ¿Qué elementos podrán dar cuenta de que el aprendizaje tuvo lugar?
  • Los contenidos y competencias a desarrollar ¿Cuáles son los contenidos prioritarios del año? ¿Cuáles las competencias y habilidades que se quieren transmitir? ¿De qué manera se alinean con las prescripciones curriculares vigentes?
  • Su secuenciación y organización. ¿Qué aprendieron los alumnos el año anterior? ¿Cómo están distribuidos los contenidos a lo largo del año?¿Se prevé revisitar algunos contenidos? ¿Cuáles y por qué? ¿Cuáles se dejarán para más adelante y cómo se complejizarán?
  • Las actividades¿Están“sueltas” o forman parte de secuencias? ¿Son variadas para trabajar desde diferentes perspectivas el mismo contenido?¿Contemplan diferentes grados de dificultad? ¿Es claro el objetivo de las actividades y qué se espera que los alumnos aprendan con ella?
  • Los recursos didácticos: ¿Por qué se elige cada material? ¿Es pertinente con las actividades? ¿Está disponible para que los alumnos lo utilicen?¿Colabora con el aprendizaje de los alumnos y les permite que lo consulten apoyándose en lo que ya saben para resolver lo que no?
  • Los tipos de gestión de clase (individual, en parejas, en grupos)¿Cómo se organizarán los alumnos? ¿Qué tipo de agrupamiento favorece más el trabajo y la producción de los alumnos? ¿Se tienen en cuenta cuáles son las mejores condiciones en las que cada alumno produce? ¿Todos los grupos son iguales o hay quienes trabajan mejor solos o en parejas?
  • La evaluación. ¿Cómo se prevé evaluar? ¿Qué tipo de instrumento se va a utilizar? ¿Qué actividades o ejercicios contemplará la evaluación? ¿Habrá actividades de diferente dificultad? ¿Cuáles serán los criterios de corrección? ¿Cómo se piensa la instancia de devolución?

Estas y otras preguntas pueden guiar la mirada sobre las planificaciones y ayudar a los docentes a terminar de definir estrategias a implementar. El sentido de esta instancia es siempre acompañar, asesorar, pensar juntos. Y para ello puede ser muy interesante invitar a los docentes a:

  • Trabajar en equipo. Puede ser por área o por año. Compartir ideas con otros colegas, rescatar experiencias pasadas, animarse a probar estrategias nuevas, gestar algún proyecto colectivo de enseñanza…
  • Retomar experiencias anteriores. Rescatar estrategias que han dado resultados y animarlos a recrearlas con las mejoras y cambios que sean pertinentes.
  • Revisar materiales y contenidos inspiradores. En la web, en libros, en los registros de la propia escuela. Hay muchas ideas y experiencias ricas en todas las áreas de saber.
  • Hacerse preguntas y preguntar a otros. Sin miedo y con confianza. Animarlos a cuestionar preconceptos y a consultar a colegas, especialmente a aquellos que han tenido a sus alumnos en otros años o asignaturas.

 La planificación es un momento de trabajo intenso, de ideación y proyección. Es un momento para entusiasmarse y tomar impulso. Y una oportunidad clave para que los equipos directivos apuntalen a los docentes animándolos a crecer, innovar y superarse.