Es casi un lugar común afirmar que las escuelas son formadoras de ciudadanos. Sin embargo: ¿Cómo desarrollar aprendizajes que ayuden a los chicos a ser mejores personas, capaces de convivir democráticamente y comprometerse con los otros? ¿De qué manera sumar a docentes y familias en ese proyecto?

Hablamos con Alejandro Gimelli, rector del colegio Francesco Faa di Bruno de la ciudad de Buenos Aires y miembro del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario(CLAYSS), donde capacita a docentes y y coordina programas de apoyo a instituciones educativas solidarias en Argentina y Uruguay. En esta nota comparte su experiencia y algunas claves para educar para una ciudadanía crítica, empática y activa.

Portal: ¿Cómo describirías tu tarea como educador?

Alejandro: Actualmente soy rector de un colegio de gestión privada confesional católico en la ciudad que atiende población de clase media/media baja, que nació hace 60 años y vio transformarse el barrio. También trabajo en CLAYSS donde capacito docentes en la implementación y desarrollo de proyectos de aprendizaje y servicio. Allí procuramos hacer crecer las experiencias solidarias que ya implementan las escuelas (hay estadísticas del ministerio que dan cuenta de que hay casi 28.000 escuelas que tienen algún tipo de experiencia solidaria). Intentamos lograr que los pibes vean el conocimiento como una herramienta transformadora de la realidad. El aprendizaje en servicio logra incluir a los chicos en la escuela, que aprendan y además que esa escuela se proyecte hacia la comunidad.

Portal: La propuesta logra combinar contenidos curriculares, la formación en habilidades y la proyección comunitaria de la escuela. ¿Cómo se logra esta conjunción?

Alejandro: En principio hay una cuestión que es estrictamente física. Los chicos tienen que salir de los límites de la escuela, caminar tanto las calles de nuestro barrio, como de otras comunidades para empezar a mirar desde sus ojos, su realidad y sus experiencias. La inseguridad y otras problemáticas han logrado que las escuelas se encierren mucho, y eso brinda una sensación de protección que sin embargo para mí es falsa porque los chicos de hecho salen de la escuela y se involucran con el entorno.

Por ejemplo, en mi escuela en el marco de la implementación de la NES creamos un espacio institucional que se llama Proyecto Socio-comunitario Solidario. Lo primero que hicimos fue pedirles a los chicos que sin moverse del camino que hacen habitualmente a casa, prestaran más atención a lo que ven, registrando qué cosas no les gustan, cuáles creen que están mal, qué problemas ven. Y les pedimos que usaran sus celulares para sacar fotos, grabar y mostrar lo que pasa.

Cuando volvieron descubrimos problemas que conocíamos y otros en los que no habíamos reparado o no habíamos considerado tan importantes. Entonces les pedimos que pensaran cuáles de esos problemas eran los que podían atender o resolver, y que se agruparan en torno al que más les interesara para pensar proyectos que pudieran dar algún tipo de respuesta desde nuestra condición de escuela, desde los contenidos que se están trabajando.

Uno de los proyectos se refirió a las rampas obstruidas. Crearon un mecanismo que llamaron “soque” (queso al revés). Se trata de un recorte triangular que al ponerse en cada extremo de la rampa impide el estacionamiento de los coches. Es algo sencillo de hacer, y funciona. Incluso tenemos una entrevista con la Secretaría de Transporte de la Ciudad porque les interesó la iniciativa.

Y ahí, en ese espacio, en el que los proyectos se piensan, se planifican, se desarrollan, los chicos registran todos aquellos conocimientos que la escuela puede brindarles para trabajar sobre problemas reales. ¿Al profe de qué materia puedo preguntarle cuál es el organismo que se encarga de estos problemas? ¿A qué materia recurro para armar un Facebook o twitter del proyecto? Así van viendo distintas herramientas de conocimiento y cómo sirven para resolver problemas concretos. Los chicos están muy entusiasmados y cuando, por ejemplo, tiene la repercusión de las rampas, imagínense

. Portal: Suena muy poderoso invitarlos a pensarse, en una edad tan temprana, como ciudadanos con un rol activo en la mejora del entorno.

Alejandro: Totalmente. A veces, cuando vamos y les contamos a otros rectores se sorprenden porque los ven chicos para estas cosas. Yo pienso lo contrario. Seria ideal que empiecen a hacer eso antes. De hecho hay un montón de habilidades que tienen que ver con trabajar en equipo y planificar que están aprendiendo ahora porque en la primaria no lo aprenden. El ejercicio de pensar una idea en común y contarla a otros es todo un esfuerzo y un aprendizaje.

Con estas experiencias están aprendiendo de manera natural un montón de habilidades que a las escuelas nos cuesta mucho pensar cómo enseñarlas. Es natural que en la acción aprendan a trabajar en equipo, a pensar empáticamente, sistémicamente, a administrar recursos, a planificar. El aprendizaje-servicio es una herramienta muy potente. Un espacio de práctica.

Portal: ¿Cómo se arma esa noción de equipo con los docentes en un nivel como el secundario? ¿Cómo se los convoca a sumarse a estas iniciativas?

Alejandro: Mira, te digo en primer lugar lo que NO hice. No hice una bajada de línea institucional. NO junté a los docentes en una reunión de personal y dije: “a partir de ahora vamos a enseñar a los chicos a través del aprendizaje y servicio”. Definitivamente NO hice eso, y tampoco recomendaría que lo hicieran. Implementar el aprendizaje servicio de esta manera es matarlo.

La estrategia en la escuela pasó por detectar gente que por convicción, por vocación, por formación  y por características personales pensamos que podían ser las indicadas para llevar esto al aula. Yo no creo que sea para cualquier. No porque exija docentes ni súper formados ni nada, si no gente que crea que esto es bueno para los pibes. Para mi eso es el ABC de cualquier metodología: si el docente no piensa que lo que está enseñando está bueno para los pibes, de ningún modo va a llegar eso que está escrito al aula.

Entonces partimos por identificar docentes interesados. Y de a poco el vínculo que van generando con este proyecto los va entusiasmando y dándoles ganas de hacer otras cosas. El profesor de tecnología, por ejemplo, generó un proyecto en su materia para que los chicos dieran un taller de habilidades informáticas a alumnos de una escuela especial. Estas cosas se extienden y se implementan a partir del contagio.

A diferencia de otras estrategias y pedagogías, el aprendizaje servicio implica necesariamente un cambio de lugar del docente, un cambio en cuanto al protagonismo que el estudiante asume en relación al proyecto. Y eso no a todos los docentes les cierra.

Portal: ¿Cuál es la resistencia de los docentes? ¿Tiene que ver con correrse del lugar de autoridad?

Alejandro: Lo que ocurre es que lo que los chicos traen a estos espacios te muestran muchas veces lo que vos como docente desconocés. Es complicado como docente asumir que hay cosas de la vida de los chicos y como interactúan que no estas captando. Algunos docentes lo sufren, y hay que tener ganas de entrar en diálogo con esa cultura. Como primera reacción, el docente se asusta.

Por ejemplo, la docente a cargo del proyecto socio comunitario, con muchísima experiencia y muy querida por los pibes, a veces me dice: “los chicos no tiene nada para hacer en ese espacio”. Y yo le respondo que sí. El rol de la docente es ayudarlos a que se den cuenta de cómo van, qué les falta, qué cosas no pensaron. Y eso es muy distinto a enseñar contabilidad. Es animarse a un espacio desestructurado y eso lleva tiempo.

Portal: ¿Qué consejo le darías a un director que tiene ganas de animarse con una propuesta así?

Alejandro: El primer consejo es que lo haga, que se anime, no importa el tipo de comunidad en la que este. ¿Por qué hacerlo? Porque es una herramienta y una estrategia que ayuda a lograr objetivos de calidad pensándola no solo en términos de resultados sino en la formación de un estudiante, un egresado con valores, con capacidad de mirar críticamente.

Cuando hay algo que queremos que pase en el aula aconsejo buscar dos, tres o cuatro personas que están consustanciadas con este modo de enseñar, sin miedo a que los chicos circulen por la escuela o les acerquen proyectos, iniciativas, ideas, docentes preparados para ser cuestionados por sus estudiantes, sin miedo a equivocarse y a reconocer que se pueden equivocar.

Hay un video de TED de Rita Pierson que se llama “Cada niño necesita un campeón” que lo paso en todas las capacitaciones. Cuenta una anécdota de cuando era maestra de primaria. Un día le tocó enseñar matemática y cuando llegó a su casa se dio cuenta de que lo había dado mal. Al día siguiente les dijo a los “la verdad me equivoqué y ayer enseñé la lección mal, por eso debo pedirles perdón”. Los chicos le dijeron: “todo  bien, Miss Pearson, nosotros pensamos lo mismo pero la vimos tan entusiasmada que no la quisimos frenar”. A eso me refiero, a elegir para estas iniciativas a docentes que tienen ese vínculo especial con los chicos y que estén dispuestos a confiar. Normalmente si uno otorga confianza, los chicos te devuelven esa confianza. Creo que la relación educativa es esencialmente una relación de confianza. Sin confianza no se puede educar.