En todas las escuelas hay docentes que buscan estrategias para enganchar a los alumnos y enseñar contenidos con sentido y significatividad. Y directivos que se animan a alentarlos generando las condiciones para que la innovación pedagógica tenga lugar. 

Compartimos hoy la experiencia de Laura Hernandez (docente) y Ernesto Cardiel (director) de la Escuela Secundaria Agraria Nª 2 de Lincoln, que durante el ciclo 2015 llevaron adelante una experiencia diferente en la enseñanza de química, contagiando a los chicos de entusiasmo por la ciencia, y convocando a toda la comunidad a acercarse a la escuela.

LAURA[1]Portal: ¿En qué consistió el proyecto y cómo se inició?

Laura: Cuando ingresé a la escuela a mediados del 2015, hacia un tiempo que la materia no se estaba dando. Y la verdad al principio había cierto rechazo. Por eso lo primero que hice fue trabajar en un diagnóstico en el que intenté ver no solo los saberes de los chicos sobre química, sino principalmente que intereses tenían y cómo incentivarlos.

Yo tenía una sola vez por semana con ellos y era realmente un desafío recuperar el tiempo perdido teniendo sólo 1 día. Para lograrlo usé las redes sociales. Desde el apoyo virtual, prácticamente todos los días teníamos clase de química sea vía Facebook o grupos de Gmail. Eso permitía que, ante una duda, los chicos no tuvieran que esperar una semana para avanzar. Y la verdad es que, a los 15 días de haber entrado, el clima ya era otro y estaban manejando conceptos de la materia. El vínculo se afianzó y les empezó a gustar.

Y un día me dijeron: –y profe, ¿cuándo vamos al laboratorio?

Esa pregunta fue el disparador. Me di cuenta que no querían hacer algo usual, como la evaporación del agua, sino algo fuera de lo común. Y empezamos a buscar propuestas.  Desde ese momento puse como condición que lo que hiciéramos, fuera “ambientalmente sustentable”. Desde la asignatura los chicos investigaron qué implicaba esta condición, y desde allí elegimos trabajar con la reutilización de aceites vegetales para la elaboración de jabones.

Todos los cursos tuvieron su participación, pero cada uno tuvo una línea investigativa diferente, acorde a su Programa de Estudio, ya sea Introducción a la Química para 4to año, Fundamentos de la Química y Química del Carbono para 5to y 6to respectivamente. Además, para el análisis de datos articulamos con otras materias como Biología, NTICX para la formulación de planillas y análisis de datos, presentación del Proyecto.

Portal: Y vos, Ernesto, como director, ¿de qué manera acompañaste la propuesta de Laura?

ernestoErnesto: Cuando Laura nos planteó la idea, le dimos nuestro apoyo inmediatamente. Sin embargo, en seguida surgieron dificultades. El primer desafío fue material. Acá no tenemos laboratorio ni muchos recursos.

Pero fuimos superándolos. A través de un contacto de Laura pudimos gestionar para trabajar junto con La Universidad del Sur, de Bahía Blanca. La verdad es que, aunque a veces parece que los recursos no alcanzan, pudimos buscarle la vueltita y aliarnos con ellos para hacerlo realidad.

Portal: y los docentes de las otras asignaturas, ¿se sumaron?

Ernesto: Desde la puesta en marcha del proyecto se fueron articulando horizontal y transversalmente otros docentes. Desde la dirección nos encargamos de difundir en el resto de los docentes fue bien recibido por todos y en particular por las profesoras de tecnología y biología. Y con el tiempo hasta los de matemática intervinieron.

Inclusive se articuló con el bachillerato de adultos que funciona también en nuestra escuela. Cuando el proyecto ya estaba casi terminado, los chicos se acercaron a contarlo y lograron despertar en ellos inquietudes. Al tiempo generaron ellos también un proyecto en el marco de los entornos productivos. Y colaboraron con lo de los jabones recolectando datos de consumo y demás para trabajar con la profesora de gestión en la parte de marketing, contabilidad, margen de producto, calcular cantidades, etc..

La verdad fue interesante ver como se avanzó en la enseñanza de contenidos concretos de las asignaturas a partir de este movimiento generado desde química. Creo que se volvió tan relevante porque fue pedido por los chicos y por poder trabajar desde la práctica, que es algo que a veces falta.

chicos 2Nosotros en la escuela tenemos la práctica desde los espacios formativos, pero en las demás asignaturas falta esa parte, de la aplicación que ayuda a la incorporación de los saberes. Laboratorio tenemos muy poco.

Laura: Creo que el trabajo concreto, y el hacer y compartir, dejan huellas más allá del tiempo. La verdad es que química si no lo llevas a la práctica es muy abstracto. Son letras, formulas, números. Pero poder ver todo eso reflejado en la práctica es otra cosa.

Portal: Y luego de realizados los jabones, ¿tuvieron oportunidad de presentarlo a la comunidad? ¿De comercializarlos?

Ernesto: Ahora no estamos comercializando. Pero el año pasado se hizo una presentación abierta a la comunidad en el SUM de la escuela primaria. Vino gente de OPDS y del municipio, se invitó a los papás, los alumnos de adultos y por supuesto los chicos de 4to, 5to y 6to. Los chicos hicieron una presentación explicativa, y llevaron muestras que obsequiaron a los presentes.

La idea es ahora, si conseguimos los recursos materiales y económicos, hacer un micro-emprendimiento. Nuestra intención es preparar a los alumnos para el futuro. Sea que puedan continuar estudiando, o se inserten en el medio laboral. Y creemos que los micro-emprendimientos quizá generen esa oportunidad.

Portal: ¿Qué consejos darías a un directivo que recibe a un docente o alumno con una idea similar?

Ernesto: Apoyarlo. Apoyarlo y buscar las alternativas para poder hacerlo posible.

Portal: Laura: ¿cuáles fueron desde tu perspectiva los aprendizajes más importantes de esta experiencia?

quimicaLaura: Creo que lo fundamental es que los chicos se dieron cuenta de que la ciencia está en lo cotidiano, y que se puede aprender y trabajar colaborativamente. En esta experiencia los 3 cursos participaron, cada uno desde su nivel. Unos trabajaron sobre la hipótesis, otros en el desarrollo, y otros llegaron a las conclusiones.

Pudimos hacer un proyecto inclusivo, y además expandirlo a toda la comunidad.

Y algo también a destacar, es que aprendieron a expresarse. Porque la verdad los chicos saben mucho, pero a veces cuando hay alguien adelante expresarse oralmente es un desafío grande para algunos. Así que el último tramo me aboqué a eso. Y tuve una respuesta bárbara. No hubo un chico que no participara.

Estoy convencida de que uno lo que tiene que ver es de que manera incluir a todos los chicos. En todas las aulas tenés chicos que se incorporan enseguida,  y que enseguida podes sacar lo mejor de ellos. Pero en otros tenés que ir viendo. A veces hablando desde un deporte o de cualquier otra preocupación llegas al chico. Y de ahí empezás a trabajar.

Es buscarle la vuelta a cada uno. Uno tiene que saber que los cursos son heterogéneos, pero todos tienen que llegar a un mínimo techo. E incluso rebelarse con la idea de un techo. No hay un techo, a todos hay que pedirles más.

Estoy agradecida con la escuela por el apoyo que tuve. Realmente me parece muy valorable ver que una comunidad tan chiquita y con tanta precariedad se mueva para solventar todo esto, encontrar el eco y la confianza para que te digan en seguida: “sí, hacelo”. Desde lo que es el equipo directivo, el compromiso es destacable.