Cada ciclo escolar inaugura la posibilidad de volver a mirarnos como institución, valorar y celebrar los logros alcanzados y proyectar aquellos que queremos alcanzar. Si bien en la escuela todos los años se parecen (siempre hay clases, 25s de mayos, ferias, evaluaciones, boletines…) cada año tiene (o puede tener) un tinte particular.

escaleraUn año podemos proponernos mejorar la enseñanza de la ciencia y embarcarnos todos juntos en un proceso de reflexión didáctica vinculada al área; otro podemos definir centrarnos en las prácticas de evaluación transversales a las asignaturas, definiendo qué instrumentos usamos, qué valoramos de las producciones de los chicos y por qué, y qué sentido le damos a esas instancias; un tercer año puede ser la oportunidad de instalar un proyecto comunitario, que nos acerque a las familias y al barrio potenciando las relaciones vinculares y demostrando lo mucho que el aprendizaje escolar puede impactar en la comunidad. Y así sucesivamente.

El inicio del ciclo escolar nos invita a pensar justamente eso: ¿Cuál será el proyecto que dará impulso y unirá las fuerzas de todos en 2016? ¿Qué queremos lograr como escuela este año?

Ahora bien, para mejorar la escuela es necesario partir de consensos, construyendo desde el inicio una visión común sobre lo que es una buena escuela y pensando qué necesitamos mejorar para acercarnos a ese ideal. El momento inicial del año es la oportunidad de encauzar la creatividad y experiencia del equipo docente hacia un objetivo común.

Algunas sugerencias para convocar al equipo a pensar las metas del año:
  • Compartir el diagnóstico y analizarlo entre todos. El primer paso es definir qué queremos lograr. Por eso, el punto de partida es tener claro en qué fuimos buenos el año anterior y en qué aspectos necesitamos mejorar. Si bien el diagnostico mira y recoge datos del pasado, el sentido es pensarlo como un impulso hacia adelante. Nos marca las fortalezas sobre las cuales estamos parados para dar el paso que sigue.

Una buena idea para compartir esta mirada es generar una reunión con el equipo docente en la que se presente una síntesis de los indicadores de la escuela del último tiempo: los datos de repitencia, abandono, cantidad y porcentaje de alumnos aprobados y desaprobados por año y por materia, e inserción de los alumnos en el nivel siguiente de enseñanza son un buen inicio. A partir de los datos es posible trabajar con hipótesis que expliquen las causas de esos resultados: ¿A qué se debe la evolución de estos indicadores? ¿Por qué un indicador se acentúa en ciertos años o materias? ¿Qué razones explican que los alumnos desaprueben algunas materias? ¿Por qué hay otras materias que sí aprueban? ¿Qué contenidos se consideran? ¿Qué proponen los diseños curriculares al respecto? ¿Qué puede hacer la escuela para mejorar las trayectorias y aprendizajes de los alumnos? Este análisis colectivo potencia la identificación de aspectos institucionales o de enseñanza que están bien y aquellos que es necesario mejorar. Así, se construye una visión de las dificultades que involucra al equipo de manera activa, como profesionales reflexivos y pensantes.

  • Realizar talleres de reflexión y estudio de casos. El caso que se presente puede ser real o ficticio. Lo importante es que la situación y las preguntas que la acompañan despierten reflexiones sobre la escuela. Una posibilidad es tomar el caso de algún alumno con una trayectoria escolar discontinua y analizarlo. Considerar su desempeño, su ausentismo, si repitió algún grado, cómo se siente en la escuela, en qué materias le va bien y en cuáles no, qué estrategias se han intentado para acompañarlo y cómo han resultado, etc. El equipo directivo conduce la reflexión a pensar qué podría hacer la escuela para ayudar al alumno.

En estas conversaciones suelen hacerse explicitas las ideas de cada docente respecto del aprendizaje, su responsabilidad y la de la escuela. El equipo directivo debe formular preguntas que “desestabilicen” las nociones naturalizadas. También, otras que lleven a los docentes a pensar que el caso analizado no es singular sino que representa la situación de gran parte del alumnado. Por último, el equipo directivo pone en común los problemas de la institución que han aparecido en las discusiones, los analiza en función de evidencia (por ejemplo, indicadores) y propone un espacio para construir o revisar objetivos para el trabajo del año.

  • Proponer reuniones con actividades y dinámicas más allá de lo discursivo. En las reuniones en las que se discuten los objetivos anuales pueden realizarse diferentes dinámicas que pongan en acción a los docentes logrando hacer manifiesta la necesidad de trabajar de manera coordinada, y reforzando el sentimiento de pertenencia. Es importante planificar esos espacios de manera de dar lugar a la voz de los distintos participantes. No se trata de una reuniones informativas, sino creativas. En el libro “Decálogo de la mejora escolar”, de Gvirtz, Abregú y Paparella (2015) se proponen algunas dinámicas e ideas para reuniones de equipo.

La escuela involucra a más de una persona, ¡y es positivo que así sea! Dos cabezas piensan mejor que una, y una escuela entera, mucho mejor que personas aisladas. Cada miembro de la comunidad educativa aporta desde su lugar a la comprensión de la realidad escolar y trae experiencias, ideas y estrategias para pensar en cómo encarar el año. El sentido es siempre la mejora: partir de lo que está bien, para hacerlo aún mejor. ¿Qué objetivo se propondrán como escuela este año? ¡Compartí tu experiencia de mejora!