Noviembre es un momento de cierre e integración. Se acercan los exámenes que permiten a los alumnos dar cuenta de lo aprendido y poner en relación los conceptos y habilidades desarrollados durante el año.Y junto a ellos, se acercan a veces también, momentos de nerviosismo y expectativas.

¿De qué manera apuntalar las posibilidades de los chicos de mostrar lo que saben? ¿Cómo garantizar la transparencia, claridad y justicia de las instancias de evaluación final? ¿Qué estrategias llevar adelante para que las evaluaciones no generen ansiedad y miedo en los chicos?

En este mes los equipos directivos pueden:
  • Identificar secciones que es prioritario acompañar por tener alumnos en situación de riesgo. Seguramente los docentes de esas secciones necesiten una mano para definir estrategias de enseñanza para que este último tramo redunde en mejores aprendizajes. La experiencia de otros docentes y años, y del mismo equipo directivo es un recurso invaluable para avanzar en este sentido.
  • Orientar a cada docente para formalizar el recorte de contenidos que se pondrá en juego en las instancias de evaluación. En este proceso puede ser útil volver sobre las planificaciones para identificar con claridad qué contenidos pudieron darse y de qué modo, y cuales no han alcanzado a ver en la profundidad pretendida. De todo aquello que sí se ha trabajado con los alumnos: ¿Cuáles son “contenidos irrenunciables”? Un criterio para determinar lo central es identificar aquellos saberes y habilidades sobre los cuales se construyen los siguientes aprendizajes, es decir, aquellos necesarios como andamiaje para seguir avanzando.
  • Acompañar a los docentes en la planificación de secuencias de repaso. De acuerdo a las características de cada grupo, puede hacerse énfasis en uno u otro tema, y/o definir actividades generales y optativas, dando a cada alumno opciones. En este repaso, es interesante ofrecer a los chicos ejercicios similares a los que se planean tomar en las evaluaciones, de modo que las mismas no supongan una sorpresa o novedad. También, puede armarse una carpeta con recursos, textos, ejercicios y materiales de consulta a la que los alumnos puedan recurrir al momento de estudiar.
  • Motivar a los docentes a realizar un análisis por alumno para aquellos casos que han tenido un desempeño menor al esperado. En ese análisis individualizado resulta importante identificar tanto en qué contenidos necesita apoyo, como aquellos aspectos que sí ha logrado adquirir. Es positivo también registrar qué tipo de estrategias han resultado mejores durante el año con ese alumno, y qué fortalezas e intereses tiene ese chico. La apuesta es encontrar aquellos “hilos” de los cuales poder tomarse para avanzar.
  • Repasar y/o acordar lineamientos institucionales de evaluación. Si existen criterios institucionales definidos transversalmente, es el momento de retomarlos y volver a ponerlos en común. Es interesante abrir el juego a compartir dudas o apreciaciones sobre los mismos y a definir, de manera cada vez más concreta, qué tipo de prácticas de evaluación, que tipo de consignas y qué tipos de devoluciones implican.
  • Pedir a cada docente que explicite y trasparente los criterios de evaluación específicos de su sección y área. En ocasiones, incluso, los mismos alumnos pueden participar de la construcción de los criterios de evaluación como parte de las acciones de repaso. Así, los ayudamos a identificar qué tipo de desempeños esperamos de ellos y a proyectar el estudio de manera más asertiva. Una vía para poder definirlos es describir los desempeños esperados en relación a los temas a evaluar. El trabajo con rubricas que determinan diferentes niveles de logro es especialmente interesante, ya que permite superar las visiones dicotómicas (sabe/no sabe), y da un sustento a las valoraciones y calificaciones que llegarán como resultado.
  • Supervisar y asesorar a los docentes en la elaboración de instrumentos de evaluación. Poder observar junto al docente las consignas que propondrán y analizar, con los criterios de evaluación en mano, qué contenidos y habilidades permiten poner en juego, y de qué manera serán corregidas.

El sentido de estas acciones es maximizar las oportunidades de los alumnos de demostrar lo mucho que saben. Y convertir así el cierre del año en una oportunidad de lograr más y mejores aprendizajes.

¿Qué otras estrategias ponen en juego en sus escuelas?