Si la palabra “soledad” representa muchas veces la función del director, esa sensación suele potenciarse en la escuela rural.

El aislamiento geográfico, la falta de equipo en las escuelas con personal único o con pocos docentes, caminos muchas veces intransitables que dificultan el acceso, la distancia entre escuelas que comparten realidades semejantes, la matrícula que muchas veces disminuye año a año por factores exógenos (alumnos “golondrina”, falta de crecimiento demográfico, etc.)…todo eso contribuye a aumentar esa soledad que suele caracterizar al rol por la enorme responsabilidad que conlleva y al que, en estos contextos, se le agregan nuevos desafíos.

De la necesidad de acompañarlos en ese camino, maravilloso pero muchas veces solitario, surgieron estos módulos. Porque estamos convencidos que juntos, todo es un poco más fácil, de que con otros podemos pensar más y mejor.

Nos proponemos entonces generar un espacio donde encontrarnos, contarnos lo que nos pasa o nos ha pasado, lo que nos conmueve o nos hace revisar el hacer, donde compartir con otros, aprender de otros, donde ofrecer recursos y herramientas para que elijan la que mejor responda a sus necesidades, donde poner a disposición ideas e instrumentos…En fin, un espacio para transitar juntos el camino hacia la construcción de mejores escuelas rurales.

Sabemos que el camino es tan bello y desafiante como complejo, que casi nunca es lineal, que tiene avances y retrocesos, y que se va logrando de a poco, paso a paso, en forma gradual. Sabemos también que el camino está lleno de preguntas, que no siempre encontramos las respuestas y que a veces nos sentimos desbordados.

Pero también sabemos que las competencias necesarias para gestionar pueden aprenderse. Que no nacemos directores, que en general nadie nos forma para el rol y que por eso, formarnos día a día, crecer, es el desafío permanente que tenemos que asumir autónomamente. Podemos aprender a ser mejores directores. Solo hay una condición necesaria: registrar nuestros modos de gestión, lo que nos sale bien, lo que todavía no logramos, lo que nos cuesta. Y estar dispuestos a pedir ayuda.

Justamente queremos acompañarlos en el proceso de aprender las “partes difíciles” de la gestión (y  también queremos compartir los logros). Porque pensar y aprender con otros nos salva, como dice Teresa Punta, directora de escuela:

Hay días en que realmente las situaciones nos agotan y sentimos que nos superan. Y entonces otra vez el ser un “todos” pensando (…) nos salva[1]

Ojalá podamos ser parte de ese “todos”

El rol del director en la escuela rural

Algunas cuestiones se comparten desde los roles directivos que se desempeñan en diferentes realidades: casi siempre lo urgente invade los importante, casi siempre el tiempo se esfuma y no alcanza, casi siempre se gestiona reactivamente, atendiendo a las múltiples demandas, casi siempre cuesta definir las prioridades…

Pero otras cuestiones son específicas de los directores de escuelas rurales. Y es en esas especificidades en las que queremos focalizarnos para poder acompañarlos mejor.

¿Cuáles son? Estas son algunas de ellas, sobre las que elegimos centrarnos:

  1. La tensión que se presenta entre la mirada áulica (ya que muchos directores son PU o tienen grado a cargo) y la mirada institucional. Ambas son valiosas. Ambas son necesarias. Pero a veces cuesta encontrar el equilibrio y discriminar ambas miradas cuando es necesario hacerlo.
  2. Los equipos de trabajo, muchas veces pequeños, muchas veces el director en soledad. ¿Cómo cruzar miradas con otro cuando estamos solos? ¿Cómo enriquecernos del aporte de otro cuando somos tan pocos? ¿Cómo evaluarnos si nuestra mirada puede estar sesgada por estar tan inmersos dentro de la realidad escolar?
  3. El plurigrado, el eje que “rompe” la lógica de la mayoría de las escuelas urbanas interpelando a los directores y educadores a pensar una enseñanza que aborde la diversidad “en simultáneo”, atendiendo a niños de diferentes edades en un mismo tiempo y espacio.
  4. La escuela como único agente de confianza de la comunidad. En muchas ocasiones, la escuela, en estas comunidades, es el lugar de referencia para las familias de la zona. Es la institución más respetada y valorada por la comunidad; es el lugar donde todos recurren para plantear diferentes necesidades y demandas, que muchas veces exceden la escuela.

Todas esas características específicas de las escuelas rurales pueden ser consideradas obstáculos para la gestión o pueden, desde otra perspectiva, ser tomadas como enormes desafíos a abordar. Porque, como plantea Silvia Duschatzky:

Cuando eso que molesta se hace pregunta, cuando ya no es malestar sino una condición que exige ser pensada, entonces estamos frente a una oportunidad (…).” (Duschatzky y otros, 2010)

Nuestra propuesta es, entonces, capitalizar las ventajas que las características específicas de las escuelas rurales contienen y estar atentos a sus posibles riesgos. Estamos convencidos de que tener registro de esos riesgos, ayudará a minimizarlos y a buscar superarlos. Pensemos juntos algunas de estas cuestiones:

  1. Tener grado a cargo o ser personal único conlleva la enorme ventaja de tener siempre presente la dimensión pedagógica. Dimensión que muchas veces queda relegada en directores de escuelas urbanas, a quienes les cuesta encontrar el momento de entrar al aula entre las demandas cotidianas a atender. Y el aula es el lugar privilegiado donde la mejora acontece. Es el centro de la mejora porque es allí donde el aprendizaje “sucede”. ¿Cuál es entonces el riesgo? Tener grado a cargo puede dejarnos “atrapados” en el escenario del grado sin permitirnos mirar a la escuela como un todo.
  2. Estar solos en la escuela o contar con equipos pequeños tiene la ventaja de poder ponernos de acuerdo más fácil y hacer las instituciones más operativas. Al mismo tiempo, puede hacernos creer que nuestra mirada (siempre parcial), es la única posible, haciéndonos perder la riqueza de los aportes de otros.
  3. Contar con pocos alumnos dentro del grado, posibilita una mirada individualizada y una atención a la trayectoria de cada alumno, que todo docente y director sueña. A su vez, que esos alumnos sean de diferentes edades, “exige” esa atención a la diversidad que es hoy tan necesaria en todas las escuelas (rurales o urbanas) pero que en otras escuelas cuesta asumir. La dificultad radica en encontrar las estrategias didácticas más adecuadas para que, en esas condiciones, todos los alumnos aprendan y aprovechen el tiempo de clase (que a veces es tiempo inerte mientras el docente está trabajando con alumnos de otro ciclo)
  4. Ser la institución referente de la comunidad tiene una gran ventaja de la cual enorgullecerse: refleja la enorme confianza que la comunidad sigue depositando en la escuela. Y encierra el enorme riesgo de creer que la escuela, el director y el maestro lo pueden todo y que deben hacerse cargo de todo.

Recuperar el rol de la escuela, una escuela que incluye y enseña, es el gran desafío en estos contextos. Y para eso es necesario tener en claro el sentido de nuestra tarea: enseñar, más y mejor todo el tiempo. Porque ese es el rol indelegable que asumimos como escuela.

La invitación es entonces, a partir de estos módulos, a mirar la escuela rural con nuevos anteojos, a tomar distancia para mirarla mejor, a pensarla desde nuevos lugares, a soñarla en el mediano plazo saliendo de la inmediatez y de la demanda continua del afuera. Bienvenidos a este desafío!

Módulo I – El plan de mejora en la escuela rural

Este módulo invita a pensar la escuela rural a mediano plazo, y en ese sentido, al plan de mejora como herramienta de gestión. Plantea los principales componentes del plan de mejora y las especificidades a tener en cuenta por su contexto. ¿Existen problemas institucionales o sólo hay problemas aúlicos? Por último, propone abrir el abanico de responsables en una escuela con personal único.

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Módulo II – Los indicadores en la gestión rural

En este módulo la propuesta es pensar los indicadores de gestión en la escuela rural, y qué sentido y razón de ser tienen. Plantea las especificidades a tener en cuenta para construirlos y usarlos: ¿Porcentajes o números absolutos en matrículas pequeñas? Finalmente, invita a hacer “zoom” de la trayectoria del alumno a las tendencias de la escuela.

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Módulo III – Trabajo en equipo en la escuela rural

El último módulo propone reflexionar sobre el liderazgo y trabajo en equipo como construcción de un “todos pensando juntos”. Plantea las especificidades a tener en cuenta para pensar el trabajo en equipo en la escuela rural y qué pasa cuando el equipo hay que salir a construirlo, el rol clave de la comunidad. Antes de terminar ofrece algunas estrategias de abordaje para los PU.

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[1] Punta, T. “Señales de vida” (2013:36)