Portal: Luego de semejante recorrido formativo y laboral ¿Cómo se hace para aunar ese aspecto de la vida con los demás de una persona: ser mamá, esposa, trabajadora…?

Silvina: Es difícil y más cuando tenés hijos pequeños. Te vas a trabajar o estas estudiando y te cuesta. Salís y uno de ellos llora, el otro…Trataba de conciliar mucho los horarios de trabajo con los tiempos de los chicos para no estar tanto afuera de casa. Además, cuando eran muy chiquitos, todavía estaba haciendo el doctorado, entonces, eso me lo hacía un poco más fácil. Se vive con lo justo porque todo es para los chicos. Entonces, es saber que no se puede todo, que uno trabaja pero está muy justo a fin de mes pero los hijos están bien y uno va creciendo.

También lo que tiene nuestra carrera es que es al revés, por ejemplo, de la carrera de los deportistas. Que empiezan muy fuerte de jóvenes, les va bárbaro y después viven de eso porque se convierten en empresarios. En el caso de nuestra carrera, uno crece con mucho estudio, con gran esfuerzo y luego es reconocido. Pero hasta doctorarse uno ya tiene 30 y pico….y hasta que escribe….y con los años va llegando el reconocimiento. Pero bueno, también fui criada así. Tenía padres que decían “a esforzarse, a sacrificarse”. Pero era difícil compatibilizar todos los aspectos y yo elegía no tener tantos trabajos, aunque viviéramos con lo justo.

Portal: ¿Cuánto de tradición familiar hay en su vocación profesional?

Silvina: Hay mucha relación. Para empezar, si bien ya en la época de mis padres había algunos avances, por ejemplo mi mamá trabajaba, todavía era una sociedad patriarcal. De esta manera, que eventualmente una hija estudiara educación no estaba mal visto, en ese contexto de sociedad más tradicional. En lo personal, lo que me llevó a orientarme a la educación fue la historia familiar. Siempre cuento que mi abuela paterna era analfabeta, mi papá vivía en un conventillo, mi abuelo era obrero calificado en un diario (…) y vivían mal. En los conventillos vivían varias familias que compartían un sólo baño, es decir, cada uno tenía un cuarto y nada más…no era para nada lindo.

La historia que suelo contar y que me marcó es la de mi papá. A los 12 años, después de terminar el 6to grado, tuvo que salir a trabajar y una maestra lo incentivó para que haga el secundario. Mi “viejo” ni sabía lo que era eso. Ella le explicó que podía ir al Ministerio de Educación y conseguir una excepción para estudiar en una nocturna. Ella lo prepararía gratis para dar el examen de ingreso. Así fue que -con sus pantalones cortos- se acercó hasta un lugar que dijo era el Ministerio…. y le dieron la excepción.  La maestra lo preparó y él entró -primero en una escuela de Palomar pero luego pidió una segunda excepción para cambiar por un lugar más cercano y se pasó al “Vieytes”-. Y toda esa historia de una maestra ayudando a alguien que no era su pariente, ni alguien cercano…claramente me marcó.

Por otra parte, también me pasó que cuando estaba en el secundario, naturalmente me salía ayudar a mis compañeros. O estudiábamos juntos o me pedían que les explique algún tema….me sentaba y trataba de ayudarlos. Estaba entre derecho y educación. Mi “viejo” quería que estudie derecho y obviamente (se sonríe) yo le dije: “educación”.

Portal: ¿Por qué se “rebeló” contra el mandato de su papá?

Silvina: Me gustaba educación y él lo aceptó, aunque no creo que lo hubiera aceptado en mis hermanos…tal vez porque era mujer. Y ahí empecé. Hice en paralelo la universidad y el profesorado. Hacía las dos cosas. O sea, fue gracioso porque tuve que dar ingreso para entrar al Nacional Buenos Aires pero no a la Universidad.

Leer entrevista completa