El trabajo en escuelas secundarias renueva día a día un desafío: ¿Cómo atender, en una misma aula, la diversidad que existe entre el alumnado? ¿Qué estrategias implementar para lograr aprendizajes en todos y cada uno de los alumnos?

Conversamos con Federico Spagnolo, docente de matemática y arte de la Escuela  Secundaria Nro 1 de Bonifacio, Provincia de Buenos Aires, quien comparte experiencias desde el aula. Un testimonio para inspirarse y detenerse a pensar sobre la importancia de VER a los alumnos como condición para enseñar.

Portal: Comentanos un poco, desde tu experiencia, cuáles son los grandes desafíos de la docencia en el Nivel Secundario.

Federico: Yo soy docente desde el año 1998. Y desde el primer día que entré al aula encontré una gran diversidad. Diversidad de ritmos, de estilos, de intereses. Al conversar con mi directora de entonces, su orientación fue: trabajá con TODOS. Yo en ese momento no tenía mucha formación pedagógica y me encontré de lleno con ese desafío, y tuve que buscar por dónde. Entonces empecé a trabajar de manera diferente con cada grupo de alumnos, llevando propuestas y consignas distintas de acuerdo a lo que observaba.

Me acuerdo que en ese primer curso había una alumna realmente brillante, con una habilidad especial para la matemática, que hoy en día es ingeniera. A ella le llegué a llevar incluso problemas que yo había visto en la facultad. Veía que podía y que había un interés, y pensaba (y pienso todavía): esta mente, esta inteligencia, no la podemos desaprovechar. Así que le daba más estímulos, incluso trabajaba con ella en contra-turno un par de veces por semana llevándole problemas. Se inscribió en las Olimpíadas de Matemáticas y llegó al nivel nacional. Fue gracioso porque eran sólo 100 alumnos que llegaban a esa instancia y cuando vimos la lista, estaba remarcado “Bonifacio”, el nombre del pueblo. Con esa experiencia me empezó a gustar la educación desde el alma.

Portal: Solemos pensar en las huellas que los docentes dejan en los alumnos, pero en este caso nos invitás a pensar en las marcas de los alumnos en la carrera docente. ¿Qué otras huellas te han dejado?

Federico: Lo cierto es que hay muchos que me marcaron. Por ejemplo tuve el típico caso del alumno que no quiere estudiar. Probé varias cosas y un día decidí abrir el problema al curso. Y conversando, una alumna que era muy buena, dinámica, una líder dentro del grupo propuso: ¿y si formamos una academia? Y la armaron. Se iban a un campo a estudiar, con mate y todo. Ella misma le daba apoyo al compañero. Y al final aprendió muchísimo.

Desde entonces suelo usar mucho la estrategia de alumnos-tutores. Siempre desafiándolos. Los chicos se entusiasman. Y ambos (tanto el que explica como el que aprende) aprenden más.

Es buscarle la vuelta. La diversidad es enorme. Un año tuve incluso una alumna no vidente y trabajamos súper con ella. Se aprende de la experiencia. Creo que aprendí a ser docente siendo docente. Y compartiendo con otros. Tengo que agradecer a todo el equipo de la escuela. Todos los que trabajamos dentro del departamento estamos todo el tiempo conversando y compartiendo. Son reuniones informales, pero nos damos la oportunidad de consultarnos.

Portal: En lo que contás hay una idea clave: la importancia de poder ver al otro. Tanto al alumno que es brillante, como al que le cuesta. Y hacer puentes. ¿Qué pistas o señales considerás para poder “leer” lo que les está pasando? ¿A qué prestás atención?

Federico: Creo que lo primero, para poder realmente ver al otro, es conocerse a uno mismo. Saber las propias fortalezas y debilidades como docente. Por ejemplo con mi título yo podría dar contabilidad, pero sé que no estoy preparado para eso. Y entonces no lo hago. Es conocer las capacidades tanto como las limitaciones.

Y lo mismo hacia los alumnos. Una manera de poder ver dónde andan, por ejemplo, es cuando les doy ejercicios para hacer: tomo el más difícil y lo resuelvo en el pizarrón. Y lo resuelvo mal a propósito. Por ejemplo, no pongo bien los paréntesis. Y entonces casi siempre alguno dice: “profe mirá, creo que da diferente, se olvidó de poner los paréntesis”. Y ahí veo qué alumnos se está dando cuenta y cuáles no.

Siempre les decimos a los chicos que del error se aprende. Entonces una estrategia es esa, trabajar a partir de ejercicios con errores y detectar qué alumnos se dan cuenta y cuáles no. Y si ningún alumno lo detecta, lo aclaro, digo: “Uy me equivoqué, esto está mal…. ¿Por qué está mal?”. Y con esa pregunta se abre de nuevo la participación,encontrando en diálogo entre todos el error.

Trato de poner a los alumnos en situación de explicar y justificar el razonamiento detrás de aciertos tanto como errores. Eso lo aprendí de un buen docente que tuve cuando estaba en el ingreso a la facultad.El examen final de esa materia tenía dos ejercicios, uno de cada tema. Uno de los dos valía ¾ del puntaje. Al conversar con mis compañeros me di cuenta que me había dado mal. Así que cuando llegó la nota no la quería ni ver. Pero encontré que había aprobado, por las justificaciones y razonamientos que había explicitado, aun cuando el resultado no era exacto.Ahí entendí que la matemática es un modo de razonamiento, no solo una técnica.

Entonces cuando los alumnos tienen errores miro eso: qué razonamiento está por detrás de ese error. Porque no todos los errores dan lo mismo. Un error básico es mucho peor que aquel que se apura y se confunde en un signo y falla en el resultado. No interesa tanto el resultado como el procedimiento.Cada tipo de error es un signo de hasta dónde llegó el alumno.

Portal: Uno de los grandes desvelos de los docentes es lograr capturar el interés de los alumnos, ¿qué estrategias encontraste para eso?

Federico: Suelo observar qué cosas les interesan a los alumnos. Hoy en día por ejemplo, están muy ávidos por la tecnología. Por lo general en la escuela no los dejan usar los celulares y les piden que los dejen en una caja al entrar. Desde la clase de Matemática, de vez en cuando, rescatamos esos celulares y los usamos. Por ejemplo, para trabajar con funciones se bajaron el app de geogebra. Yo les explico cómo se analizan las funciones y los contenidos vinculados al tema. Y al momento de graficar, lo hacemos analíticamente, y después con su celular cotejan si lo que van haciendo está bien o mal.

Hace un mes nos pasó que un ejercicio nos dio diferente entre lo que yo resolví y lo que decía el geogebra. Y nos sentamos a analizarlo hasta encontrar el error. Nos pusimos a trabajar con los chicos, al rato invitamos también a una docente que nos ayudó. El problema nos atrapó y nos quedamos en el recreo todos, intrigados, a ver qué había pasado. Al rato encontramos la explicación y nos dimos cuenta que los equivocados éramos nosotros.

También uso el facebook con algunos grupos. Armamos un grupo cerrado de la materia. Y antes de cada clase les dejo una consigna adelantando el tema del día y dando un tiempo para responder.

Con otros he usado también los videos de youtube. Hay muchos tutoriales que tienen un lenguaje y una lógica que los chicos manejan súper bien. Es utilizar las herramientas  que tenemos a mano.

Portal: En tu relato se nota una búsqueda constante. Desde el Portal siempre pensamos que el docente, en su actividad de enseñar, permanece siempre aprendiente. ¿De qué modo considerás que se aprende en lo cotidiano?

Federico: Aprendo de mis colegas, de mis alumnos. Cada uno es una persona distinta, con sus problemas, su personalidad.

Creo que gran parte es animarse a buscar alternativas. Darle vueltas. Lleva trabajo. Pero el que se tiene que esforzar es uno, más que el alumno. Es estar en la escuela, no faltar. Y sobre todo entender que nuestra función es que los alumnos aprendan, no poner 8, 7 ó 1. Porque más allá de las calificaciones, aprender es también aprender del error, preguntarse, razonar, discutir. Y aprender también a reconocer los errores.

En ese sentido muchas veces les propongo a los alumnos que analicemos la nota de las pruebas. Les digo: “veamos tu trabajo, ¿qué nota te pondrías?”. Y analizamos el por qué de las notas.

Nadie puede tener un 1. No puedo concebir que un alumno entregue en blanco. Me da mucha intriga: ¿de verdad no aprendió nada-nada? ¿Qué consigna fue la que generó el blanco como respuesta? Y sobre todo, como docente: ¿Qué pasó que no lo viste durante todo el trimestre? ¿No notaste que estaba perdido? ¿No lo sentaste con un compañero para que trabaje?

Hace poco me pasó que ante un examen una alumna quiso entregar la hoja en blanco diciendo que no había podido estudiar. Yo me acordaba que en la última clase había estado y le dije:“Vos sabes los contenidos. Yo te voy a ayudar con el primero. Y después me comentás cómo pensás hacer los siguientes”.A los 5 minutos arrancó. Y aprobó. Sabía.

Creo que es siempre detenerse a mirar qué le está pasando al que tenés delante. Sentarse a mirar al otro. Y tener claro que lo que buscamos es que aprenda. Porque al fin y al cabo es eso lo que nos hace docentes. Ver ese aprendizaje te llena el alma.